
A Suzanne le daba la risa pero se mordía los labios para contenerse y miraba a su marido de reojo mientras se acercaba a la cabaña más cercana a ver si alguien podía echarle una mano. Él estaba desesperado y bastante irascible asi que cualquier gesto podría hacer que aquello se pusiera más desagradable, y ella no tenía ninguna gana de empezar a discutir otra vez, ya habían tenido bastante por hoy.

Mientras esperaba, miró a su alrededor, hacía una tarde estupenda, no se oía nada, sólo la brisa agitando las pequeñas hojas de los árboles. El sol caía sobre el mar, “qué tranquilo está” pensó, no recordaba la última vez que se detuvo a mirarlo. Lo cierto es que lo tenía muy cerca de casa, y a ella le gustaba pasear por la playa, pero a Paul no, asi que optaba por quedarse en casa con él aunque se sintiese igual de sola que si estuviese de paseo.

Miraba el brillo del trigo absorta cuando unos resoplidos de desesperación le sacaron de sus pensamientos. “Nada, no hay nadie, he llamado pero dicen que tardarán un par de horas en venir a buscarnos. Menuda panda de incompetentes, les avisé que traería el coche si me lo daban en buenas condiciones…” Mientras Paul continuaba con su retahíla de quejas sobre el taller que cuidaba de su ojito derecho, el coche, ella no paraba de pensar en las pocas ganas que tenía de ir a esa dichosa cena de negocios. “Suzanne, ¿me estás escuchando?” dijo Paul, ella intentó disimular “Si querido, perdona, no te preocupes vendrán pronto, ya verás”. Él con un tono más desagradable le contestó: “Bueno ya he llamado a Jack, dice que no anda muy lejos, pasa a recogernos y así igual llegamos a tiempo”.

Ella sin pensarlo se puso a caminar en silencio. “¿A donde vas Suzanne?”, le preguntó Paul aúnque con tono de voz amargo pero con un toque de extraña sorpresa. “Pues a la playa, no voy a quedarme aquí plantada hasta que venga Jack, hace mucho que no pasaba por un sitio con este encanto, ¿no te has fijado?” y continuó sin mirar si su marido le seguía. Él resopló, pero siguió tras ella, lo último que le apetecía era perderla de vista y retrasarse cuando Jack llegara. Asi que avanzó y la encontró ya tumbada en la arena. “Querida, ¿no te mancharás el vestido?” Ella exclamó, “Ay Paul, ¿por qué no esperas en el coche?” y siguió mirando al horizonte.

Él, avergonzado por su actitud, se sentó junto a Suzanne y mirándola fijamente le dijo en un tono más suave , “Su, lo que no quiero es que cojas frío y bueno… estás tan guapa hoy que verte ahí tumbada…” Suzanne sonrió ligeramente, hacía mucho que no le oía decir algo parecido. “No te preocupes, lo sacudiré al levantarme y quedará como nuevo” le dijo mientras miraba fijamente aquellos ojos que la enamoraron años atrás. Él respondió con una amplia sonrisa, miró alrededor y levantándose de un salto, le ofreció la mano y le dijo enérgicamente “Ven, por favor”. Ella sintió curiosidad y cogió con gusto la mano de su marido que entusiasmado la condujo hasta unos trastos viejos donde sentarse.

Ya sentados, Paul se quitó la cazadora y mientras comenzaba a quitarse los zapatos ante la mirada atónita de su mujer le preguntó con tono divertido “¿Qué pasa, que ya no recuerdas las viejas costumbres, chica de aldea?” Suzanne comenzó a reír a carcajadas mientras él tiraba al suelo los zapatos. “Bueno, pensé que tú las habías olvidado” dijo ella con un intenso brillo en la mirada. “¿Cómo voy a olvidar el día que nos conocimos?” dijo Paul. Y comenzó a recordar en voz alta aquel día mientras Suzanne le miraba orgullosa y completaba la historia con detalles.

Entre risas y anécdotas pasaba el tiempo mientras el mar ponía banda sonara a aquella puesta de sol de una inesperada tarde de agradable conversacion. Tan absortos estaban que no oyeron el claxon de Jack que gritaba desde lejos… “¡Paul! creo que aquél de allí es Jack, ¿no?” dijo Suzanne con un tono de pequeña decepción. “Sí, ya lo había oído… ¿quieres que le diga que se marche sin nosotros?” le preguntó con una sonrisa cómplice. “No, vamos” dijo satisfecha. Se levantaron, arreglaron sus ropas como pudieron y ya cuando estaban a punto de subir al coche que les llevaría a aquella aburrida cena de compromiso que tantas discusiones les provocó, Paul agarró a su mujer por la cintura y la besó tras susurrarle al oído “Siempre serás mi chica de aldea”.

Él:
- Camisa y Chaqueta de Aoharu del conjunto LeatherTailoedJK
- Pantalones de +grasp+
- Botas de Muism modelo Ankle
- Pelo de MADesing JIN SB I.
Ella:
- sandalias negras de +grasp+ modelo /Rose heels w/toes&Feet/Black+Gray
- vestido de +grasp+ modelo /One Piece Dress/*plume/Black
- pelo de MMS modelo Venessa (antiguo freebie)

